¿Locura transitoria?

 

Palabras que brotan,macedonia-de-palabras

estrofas que nadan

hasta salir a la superfície

como los peces que necesitan aire

para respirar.

Palabras y más palabras…

 

A cada paso que das,

da igual lo que hagas,

todo eclosiona mentalmente

hasta forjar un todo,

pero que en definitiva es un nada.

Palabras y más palabras…

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Roles

Cada uno de nosotros toma un rol diferente según el momento de su vida. Antes era un alfil, ahora soy un peón, pero el día de mañana quizás sea una torre, un caballo o una reina.
Vosotros, los de arriba, sois la mano que mueve las piezas a vuestro antojo. Nos dejáis adelantar casillas cuando queréis, nos desplazáis por el tablero como se os antoja, nos matáis con vuestras promesas sin cumplir. Y lo peor de todo es que os alimentáis de eso.
Dejad ya de creeros importantes, no sois nada comparados con nosotros. Si vosotros dejáis de moveros, todo funciona igual, de hecho el no hacer nada es lo que mejor se os da. Si nosotros nos parásemos…sufriríais las consecuencias.
No somos números que informatizar, títeres sin cabeza. Sabemos que es lo que queremos y no es a vosotros. Queremos un cambio de verdad y para que eso se dé debemos de ser las piezas las que modifiquemos eso. La partida no debe ser entre dos, sino entre más. Tenemos que empezar a jugar a juegos de más de dos jugadores.
 

 

Dejemos ya las damas para jugar al parchís: Yo me cuento veinte, ¿y tu?

¿Ser o no ser un pez?

A veces quisiéramos ser peces en una pecera; ir nadando a nuestro antojo hasta chocar con una pared que nos hiciera olvidar, pero otras veces llegamos a un momento en nuestra vida en las que olvidamos sin querer.
Un 10% de mi quiere ser pez, pero se contrarresta con el 90% restante que no quiere nunca olvidar todo lo vivido que me ha hecho evolucionar, madurar, crecer, aprender, vivir, soñar, disfrutar… Sobre todo lo leído. Me quedo con todas esas tele-transportaciones a un mundo mejor, singular y desconocido que me ha hecho “perderme” tantas horas de este mundo. Y es que qué vacía sería nuestra vida sin poder recordar sobre todo los buenos momentos vividos con los nuestros.
Da miedo pensar que quizá un día olvidaré parte de mi y de mi vida, pues ya hay cosas que recuerdo con poca lucidez por la distancia temporal, pero por suerte o por desgracia siempre hay alguien que te recuerda algunas cosas que tu subconsciente había olvidado, ya por no querer recordarlo o porque la memoria estaba llena.
¡Nunca me dejéis perder la memoria!

El bloc de notas

Buenos días, sígueme.
Al despertar se encontró la casa llena de notas. Al lado de la cama, en la cafetera…hasta llegar a la mesa del despacho, donde tan solo había un lápiz, un bolígrafo, un blog de notas y otra nota: Entre blanco y negro anda el juego. Cogió el bloc de notas, lo miró a trasluz y no vio nada. Cogió un lápiz y empezó a pintar el papel muy suavemente. Se empezó a descifrar su mensaje: TE QUIERO.


Arrancó el papel y escribió él uno: Sígueme ahora tú.

La breve historia del tranvía

¡Y por fin llegó el tranvía! Me subí en la parte de atrás que era la zona más tranquila, me encendí un puro y se me sentó al lado una mujer. No pude evitar mirarla; ni yo ni nadie, me temo. Era rubia y muy elegante, parecía sacada de las películas de los años 40; con su gorro, su blusa y su falda. Mientras la miraba embelesado, se detuvo el tranvía de golpe.

Al abrir los ojos, que se me habían cerrado por un acto reflejo, empecé a verlo todo en blanco y negro. El paisaje, la mujer, el conductor que sacó la cabeza por la ventanilla para ver qué había sucedido. Y acto seguido lo arrancó de nuevo…y yo. ¿¡Yo!? ¿Yo tenía color! Bueno, no mucho, pero…¡algo sí! 
Mientras protestaba y miraba a todos lados sin saber dónde estaba y por qué me estaba pasando todo eso a mí, el tranvía se paró de nuevo bruscamente. Al abrir los ojos, me encontré en el suelo y la mujer rubia de mi lado yacía en el suelo, muerta. De repente volví a ver el color. Todo se fundió en un rojo pasión, un rojo intenso…en un rojo sangre.

Carta baja, baja carta, alta carta ¡carta alta!

Carta baja, baja carta, alta carta ¡carta alta! Como podéis ver no se me da nada bien recordar los juegos de cartas, y no solo eso, apenas recuerdo cómo se juega.
Hoy me he despertado pensando en una escalera de cartas, por un momento he pensado que estaba en el País de las maravillas como Alicia. Primero subía por los ases hasta llegar a la K de corazones y al llegar a ésta aparecía un rellano, era una carta en blanco y encima reposaba una pluma, para que yo escribiera lo que quisiera. Y así lo hice: “Una carta en blanco como símbolo de mi futuro o quizás de mi presente, así me siento, en blanco”. Una vez escribí esto, el fondo negro que me rodeaba se transformó en blanco, un blanco nuclear que me deslumbraba y así me he despertado…en blanco.¿Por qué me siento así? Es como si mi existencia estuviera en blanco. Quizás me siento invisible hacia los demás o quizás es que quiero sentirme invisible y no puedo. ¿Pero porqué? Yo siempre he sido una persona muy social, siempre he necesitado estar rodeado de gente y ahora sin embargo necesito desaparecer. ¿Será que me he vuelto antisocial o es que simplemente necesito encontrar mi propio espacio y con ello a mi mismo? Sí, quizá sea eso.
Realmente uno no se conoce a sí mismo hasta que no está solo, así se da cuenta de qué y a quién necesita a su alrededor realmente. Pero aún no he conseguido llegar a este punto. No sé ni quién soy ni qué quiero.

Me vuelvo a meter en la cama y desaparezco, fundiéndome otra vez en blanco y así volviendo a escribir mi carta, esa carta que está en blanco, esa carta que está a punto de escribirse definitivamente. Y así podré dejar escrita mi existencia, aunque sea al menos en una simple carta…