La breve historia del tranvía

¡Y por fin llegó el tranvía! Me subí en la parte de atrás que era la zona más tranquila, me encendí un puro y se me sentó al lado una mujer. No pude evitar mirarla; ni yo ni nadie, me temo. Era rubia y muy elegante, parecía sacada de las películas de los años 40; con su gorro, su blusa y su falda. Mientras la miraba embelesado, se detuvo el tranvía de golpe.

Al abrir los ojos, que se me habían cerrado por un acto reflejo, empecé a verlo todo en blanco y negro. El paisaje, la mujer, el conductor que sacó la cabeza por la ventanilla para ver qué había sucedido. Y acto seguido lo arrancó de nuevo…y yo. ¿¡Yo!? ¿Yo tenía color! Bueno, no mucho, pero…¡algo sí! 
Mientras protestaba y miraba a todos lados sin saber dónde estaba y por qué me estaba pasando todo eso a mí, el tranvía se paró de nuevo bruscamente. Al abrir los ojos, me encontré en el suelo y la mujer rubia de mi lado yacía en el suelo, muerta. De repente volví a ver el color. Todo se fundió en un rojo pasión, un rojo intenso…en un rojo sangre.

Publicado por lachicadelboligrafo

Soy amante de los libros, de la escritura, de las series, de las manualidades, de la creatividad y de las cosas e historias bonitas.

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